Borja

La seriedad con que se miraron todos cuando hice alusión al Ecce Homo contrastó con las ingeniosas bromas televisadas, imágenes, parodias colgadas en la red y el boca a boca alrededor de todo el extenso estado español hoy en día … En cuanto llegamos a Ainzón, y me presentaron a la familia, alguien se adelantó a dictar con avidez hospitalaria de anfitrión número uno:

–       Hombre, ¿vais a llevarles a ver el Monasterio? …

Javier se refería al típico y hermoso lugar que tienen todos los parajes del mundo, donde se lleva sin excepción a los visitantes; en este caso era Veruela que acoge un enorme monasterio gótico del siglo VII declarado patrimonio nacional.

– No, esta vez no Javier; Tenemos poco tiempo y quieren ver el Ecce Homo-  respondió a su primo. Hoy es normal esbozar una sonrisa en cuanto escuchas de un interlocutor decir “Ecce Homo”, pero no allí, en el Campo de Borja, pequeña comarca desconocida para muchos. Trascendió sus fronteras este año 2012 por “las vacaciones de una aficionada a las artes plásticas”. Dicho descanso, que se tomó Cecilia la restauradora, coincidió inoportunamente con la visita al Santuario de un familiar del autor – ya fallecido- y esto reveló la noticia a los medios de comunicación y redes sociales en sólo cuestión de horas…

¡ A ver! el resultante del cuadro es tan diferente del original que parece, angustiosamente, un sacrilegio espantoso. Y aunque era buena la “inacabada” intención de Cecilia para con el cuadro, (cosa que defienden quienes le conocen), la “restauradora” tampoco atinó en elegir fin de semana para salir del pueblo y, a su regreso, era la persona más buscada del momento.

Infinidad de autos, reporteros, televisiones estatales y privadas, fotógrafos aficionados, bloggueros, representantes del ayuntamiento, turistas, curiosos, incrédulos, historiadores, nuevos restauradores ofreciéndose a reparar los daños… etc. Sin quererlo, todo un meeting de popularidad sometió al señero pueblito de Borja para ver “in-Situ” el nuevo Ecce Homo: Tragedia de nuestro señor Jesucristo siendo mofado y coronado con espinas antes del tormento de la crucifixión… Allí nos fuimos nosotros a participar de aquel snob gentío.

Una vez entrado al antiguo convento y hecha la larga fila de espera para ver “el inacabado trabajo de Cecilia”, un señor mayor encargado del censo de la afluencia de visitantes le comentaba a Ángel, guía de nuestra expedición:

-Los japoneses de detrás vuestra es la tercera vez que vienen este fin de semana. Y acto seguido se le escuchó pedir la voluntad en voz alta a los visitantes que, sin dudarlo dirigieron sus manos a los bolsillos y de los bolsillos a una caja situada en un lateral de la puerta para depositar monedas, mientras, los flashes se sobrevenían; todo esto sin que nadie descuidara un centímetro de su turno en la cola para ver, o hacerse la foto junto al Ecce Homo – No se olviden de la voluntad- gritaba a voz pelada con acento aragonés marcado, el amable señor a la vez que, con tono más bajo, nos facilitaba datos de su trabajo. – “Son las 12 del mediodía y hoy han entrado unos mil seiscientos visitantes-”

Era la mañana de un domingo y como en todas las iglesias yo esperaba encontrar un determinado perfil social que va a misa, pero no fue el caso; rápidamente recordé otra conversación que se produjo en Ainzón. Se rumoreaba que el cura que oficia en el convento se niega a dar misa por las tantas visitas y el ruido foráneo, “esto es un cachondeo constante aquí” debe pensar el sacerdote, y no me extraña. Las mesas de un bar cercano permanecían todas ocupadas, los camareros no daban abasto, y los coches aparcaban turnándose: unos salían, entraban otros. Unas niñas colocaron un puesto donde vender collares y pulseras a pie de escalera de la iglesia y los alrededores del santuario se encontraban atiborrados de juventud y jaleo.

El Santuario donde está expuesto para nuestro deleite el cuadro que “restauraba” la adorable Cecilia (a la que prohibieron su continuación de la obra y algún que otro día, padece ansiedad), se encuentra en una posición elevada; Punto alto del precioso Campo de Borja, los pueblos que llegué a ver a la distancia, ostentan una vegetación abundante, esto, me explicó Ángel, es debido a sus buenos suministros de agua más la cercanía con el monte del Moncayo, aunque hay que decir que una de las zonas más áridas de la zona se encuentra bien cerca…  Motivos más que suficientes para que El pueblo de Borja no sea un paraje desconocido son también sus pueblos colindantes, igual de privilegiados en cuanto a vegetación frondosa. Ainzón es uno de ellos, su famoso y atrevido vino de la uva Garnacha ha conquistado los paladares más exquisitos en materia de crianzas, así como sus buenos aceites de oliva virgen. Aunque ahora no me he dispuesto a subrayar denominaciones de origen, es que es imposible hablar del Campo de Borja sin hacer mención a sus buenas bodegas de vino. Pero volviendo al Santuario de Borja que tanto interés me ha suscitado:

Miguel trabajó rotulando las puertas de unos apartamentos colindantes al mismo Santuario que el ayuntamiento ha dejado en alquiler. Como son a bajos precios, quisieron decorarlo un poco. Prácticamente sin luces en los pasillos alargados y atrapados en el tiempo como en una escena de Carlos Saura, se respira allí soledad y lejanía. A esta parte del convento se llega a través de una antiquísima y ancha escalera, en la cual cada escalón es una viga enorme de madera. A mitad de su subida un gran reloj, de madera también y chapa dorada, detenido en su otro tiempo, hace de vigilante. El entrar produce la sensación de estar rodando una película en blanco y negro… Los visitantes no llenan esa zona del convento y, de hecho, mientras estuvimos allí sólo un par de parejas y algún fotógrafo se nos cruzó en los pasillos. Solitarias pequeñas mesas junto a las ventanas con una sola silla, hacen el lugar insociable a partir de la bajada del sol. Pensé en la vida de las hermanas monjas de antaño. Miguel, comentaba anteriormente, trabajó rotulando los números de cada puerta de esos pasillos. Una de las tardes que estuvo allí, al parecer se concentró demasiado en el trabajo y, sin percatarse de la hora, trabajó y trabajó. Tanta es la oscuridad dentro del convento que distinguir la hora por la luz natural se hace imposible… Paró de pintar, miró por una de las pocas ventanas, y sí, era de noche. Raudo guardó los instrumentos  bajando de una carrera las escaleras – esas de película en blanco y negro- pensando lo peor. Se había quedado encerrado; solo, en aquel convento. Asumido el hecho y dominando el pánico nocturno, no se le ocurrió otra cosa mejor que gritar y gritar en busca de una salvación redentora que le sacase de aquel lugar, inhóspito para dormir:

–       “Santero, Santero, Santero, Santerooo….”

Pasado un tiempo el encargado de cerrar y abrir la iglesia le escuchó, sacando de allí dentro a Miguel, espetando en asombro un –“Suerte que he regresado a por menesteres…”

En el Campo de Borja hablar del Ecce Homo es lo de menos en cuanto escuchas las historias diarias de su gente y el Santuario… Al final conseguimos ver el cuadro.

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@jeycbalmaseda dedicado a la familia que tan bien me acogió en Ainzón

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Acerca de Carabalí

Musician and artist Músico e imaginario. Origami, mùsica, bellas artes, arquitectura, lectura y fotografía... Absorbo toda bondad. Me gustan las cosas simples, el Papel. La percepción de lo inquietantemente vacío. Soy: Virtual Vital. #ArbolRasta. #@iToussman. #LaTiendaChina.#Pásalo record.. C.F.C: #Cuban Flanger Collision, #Cultura Sankofa. @JeycBalmaseda. #OmoOshun. #El Negro De Las Anti-Jazz. #Experimental Sounds.
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